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Thursday, June 01, 2017

LA DISCRIMINACIÓN CONTRA NIÑOS MIGRANTES EN LA CIUDAD DE MÉXICO

LA DISCRIMINACIÓN CONTRA NIÑOS MIGRANTES EN LA CIUDAD DE MÉXICO 


Mi nombre es Mauricio y estuve varios años viviendo en Estados Unidos en donde nació mi hija. Sin embargo, una serie de situaciones que coincidieron con la elección de Donald Trump como presidente de aquella nación, me obligaron a mi familia y a mí a regresarnos a México.

Creímos que la re-integración a la sociedad mexicana sería fácil. Después de todo, mi esposa y yo crecimos en la Ciudad de México antes de mudarnos a California, y aquí dejamos familiares y amigos.

Desafortunadamente, la llegada a la tierra que nos vio nacer no fue fácil. El México que dejamos no es el mismo que nos encontramos a nuestro regreso.

Al menos no la Ciudad de México.  Todo está mucho más caro, las calles ahora le sirven al gobernador y a sus afiliados para exprimirle a sus ciudadanos hasta el último centavo, la inseguridad da más miedo que en los ochentas, y la gente en general ya no tiene ese semblante sonriente que caracterizaba al mexicano.

Pero el shock cultural no fue tan fuerte sino hasta que me vi en la necesidad de registrar el acta de nacimiento de mi hija en el Registro Civil de la CDMX. 

Antes de presentarme a Arcos de Belén, me informé de los derechos que mi bebé podría o no tener siendo hija de padres mexicanos, pero nacida en el extranjero.  Pues bien, la constitución mexicana marca que, para todos sus efectos, mi bebé deberá ser considerada como mexicana por nacimiento, es decir, que ninguna autoridad deberá darle un trato diferenciado a mi hija por haber nacido en otra tierra.

No solo eso, en 2016, el gobierno de México firmó un tratado con el de los Estados Unidos, por el cual se eliminan los burocráticos, costosos y engorrosos requisitos de apostillamiento y traducción del certificado de nacimiento para poder registrar el nacimiento de mexicanos en la situación de mi hija. ¡Wow! ¡Al menos alguien se preparó para las deportaciones del señor Trump!

Pues bien. Lo primero que experimenté en el registro civil de la Ciudad de México fue una constante discriminación en contra mi hija por haber nacido en Estados Unidos. 

En nuestra ‘emérita’ ciudad, a pesar de lo que dice la constitución y del acuerdo antes mencionado, a los mexicanos por nacimiento que fueron dados a luz fuera del país se les trata como ciudadanos de segunda clase.

En el ex Distrito Federal, si naciste en territorio nacional el registro de tu nacimiento es gratuito, pero si naciste fuera, a pesar de que la constitución te garantice los mismos derechos, se te cobran $1,099 pesos.

Pero no solo eso, también se te exige una traducción por un agente autorizado (otros $1,000 pesos) y el apostillamiento de tu acta de nacimiento en el extranjero, algo que usualmente implica un viaje al extranjero ($5,000 o más). Lo peor es que, como mencioné anteriormente, éstos requisitos fueron eliminados por el gobierno federal, y sin embargo, el personal del gobierno de la CDMX te los exige, nadamás porque sí, y si no los cumples, no te hacen el registro.

Desafortunadamente, si eres mexicano y no tienes acta de nacimiento, no tienes derecho a servicios públicos, y tampoco puedes obtener credencial de elector, ni pasaporte, con todo lo que eso implica.

En las múltiples visitas que he tenido que hacer al Registro Civil de Arcos de Belén, me ha tocado ver numerosas veces como el personal del mismo da un trato desfavorable a la gente que, como mi hija, nació fuera.

La CONAPRED, institución anti discriminación de México, establece que dar un trato desfavorable a una persona o un grupo, entre otras cosas debido al lugar de nacimiento, constituye un acto de discriminación. Lo mismo es adoptado por la COPRED, la versión chilanga de la CONAPRED.

Irónicamente, cuando reporté a la COPRED los actos discriminatorios del gobierno de la CDMX hacia mi hija y a los migrantes en general, se me ignoró, es decir, que mi hija y el grupo de migrantes al que ella pertenece, está recibiendo un trato desfavorable de parte de la misma institución que dice defender los derechos de quienes son discriminados.  Ya lo decía Dalí, en México vivimos en el Surrealismo.

Curiosamente, al comentar ésta historia con gente conocida, alguno de ellos dio la razón a la COPRED, argumentando que no estábamos recibiendo un trato de discriminación, sino que se trataba de un problema de burocracia y corrupción.  Al parecer, las comisiones anti discriminación en nuestro país tienen mucho camino por andar para sensibilizar a la gente sobre lo que es discriminación.

Afortunadamente, el Senado de la República concuerda con la experiencia que los migrantes estamos viviendo al querer legalizar nuestros documentos. Ellos aseguraron en un oficio publicado a principios de éste año que, tanto los mexicanos que fueron deportados como los que regresaron voluntariamente, reciben un trato discriminatorio al llegar a nuestro país, especialmente al tratar de realizar trámites ante el gobierno.

Veo con gusto que a nivel federal ya se está haciendo mucho por resolver nuestros problemas. La SEP ya no exige apostillamiento y traducción de certificados de estudios para admitir a estudiantes migrantes en aulas mexicanas, y ahora, registrar el nacimiento de un mexicano migrante en los consulados de la SRE en el extranjero ya no tiene costo ni requiere de esos documentos.


El gobierno de Miguel Angel Mancera debería de abrir los ojos y sensibilizar no solo al registro civil o a la COPRED acerca del tema, sino que debería actuar con la fuerza que le dimos sus votantes, para penalizar a sus empleados cuando éstos quebranten los derechos que la constitución política de nuestro país nos da a los mexicanos.

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